“VOLVER A BOEDO” documental sobre CASLA

Mario Marchioli

para que lean las fanas del futbol, sin banderías. Prohibido para menores de cincuenta años.

Antes que nada, una aclaración: Soy fanático de BOCA JUNIORS (Vio, escrito con mayúscula, como para dar una rápida idea sin confusiones).¿Qué es CASLA?: Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Si esos azulgranas, los cuervos que le dicen, que tienen adeptos desde la Quiaca hasta Usuhaia y ande máis fuera de las fronteras de nuestro ispa. ¿O acaso no vieron en la entrega n° 91 de los premios OSCAR a Viggo Mortesen enfundado en su smoking azul, abrirse el saco y ver sobre su chaleco el emblema de CASLA?

Yéndome por las ramas como siempre, otro celebrity amante cuervo es Joan Manuel Serrat. Debe ser por los colores de la camiseta similar al Barcelona de España, esos que le copian permanentemente el esquema de futbol a BOCA JUNIORS, del cual “el Nano” es fana… Cuac.

Vamos a la ficha del documental del año 2018, tiene un subtítulo: “Una película sobre la pasión”, nada de religión, aunque no estoy seguro, que quiere que le diga.

Breve síntesis argumental: Relata anécdotas, recuerdos, logros, pero fundamentalmente, narra la gesta, la acción de los hinchas, que actualmente intentan recuperar los terrenos que ocupaba el club, situado en Av. La Plata entre Las Casas e Inclán, vendidos oportunamente en el año 1982.

Dirigida por Sergio Criscolo, a quien me hubiese gustado conocerlo antes de que guionara el documental de 88 minutos de duración. ¿Por qué motivo? Tengo tantas cosas que contarle…

A los 2 años de edad, mi padre me hizo socio del Club San Lorenzo de Almagro. Deje de serlo a los 23. Vivíamos a 3 cuadras del

gasómetro, Metán esquina 33 Orientales, donde nací y viví hasta los 19. La casa aún existe. Raro que la municipalidad, no haya puesto una placa alusiva en una de sus paredes (licencia del autor, que hace mucho tiempo perdió a sus abuelas). En ese momento, uno llegaba al mundo en la cama matrimonial, asistido por una partera.

En el club fundado (1908) por el cura salesiano Lorenzo Bartolomé Massa, ¿o ustedes se creían que lo había fundado Tinelli?, el que escribe jugaba al Bowling, concurría a los bailes famosos de Carnaval, que animaba Antonio Carrizo. Mi padre vio noquear a Pascualito Pérez a los 2´48´´ del primer round al Gales Dai Dower, sentado en la tribuna con el ring instalado en el field una noche de verano.

Enseñé arte escénico, dirigí teatro, jugué al hándbol y con mucha seriedad practique Atletismo, velocidad (pensar que ahora soy tan lento), primero con Don Pancho Mura y luego con Gilberto Miori, dos glorias, leyendas de dicho deporte.

El ídolo en ese momento era José “El nene” Sanfilippo. Luego lo fue un imberbe flaco desdentado que se llamaba Héctor “el Bambino” Veira.

Integré como asiduo habitué una “fauna” muy particular y variopinta. De ella sobresalía por sus comportamientos: Oscar “Ringo” Bonavena y su hermano José, quienes vivían a solo tres cuadras de mi casa, 33 Orientales y el pasaje Gibson. Uno entraba al club por Avenida La Plata al 1700, donde hoy está Carrefour (el círculo central, fue reemplazado por la góndola de los postres helados) y tenía a la izquierda la cancha Hándbol and patinaje artístico. En el centro, de frente, el edificio de la intendencia, con un acceso muy particular, se asemejaba a la de una gran mansión del siglo XVIII (solo la entrada, eh) tres o cuatro escalones, triple arcada superpuesta, todo hecho de cemento.

Sobre su dintel curvo, un gran fresco, también de cemento, sobre relieve: Mostraba un arquero estirándose de izquierda a derecha, para atrapar una pelota de tientos.

Llamaba la atención que ese arquero era cortito, petizo y así era en la vida real. Lema, el último arquero que tuvo San Lorenzo como amateur y principio del profesionalismo, integrando el equipo campeón del año 1933.

Lo llegue a conocer personalmente. Era amigo de su hija Hebe (no supe nada de ella, desde hace más de 50 años) Una tarde pasé a buscar a Hebe por su departamento en el barrio de Parque Patricios, que ironía ¿no? Su padre entrado en años, enfundado en un overol azul, tomaba una merienda.

Crucé pocas palabras, pero desde siempre retuve imágenes, esa escena es una de ellas.

Mi última morada permanente, en CABA, fue en una casa construida en 1933 situada en Las Casas esquina Muñiz, frente a una de las entradas del estadio. Sobre esa casa y el estadio tengo varias anécdotas, contare alguna de ellas:

El querido José Antonio Martínez Suarez, filma en el año 1960 “El crack” interpretada por Jorge Salcedo, Aida Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias “Tacholas” y un gran elenco, José utiliza el campo de juego de la cancha y como escena final, retiran en ambulancia a uno de sus protagonistas por la puerta de la calle Muñiz. La ambulancia se aleja y sobre ella se imprime el título: FIN. Bueno la casa que se ve sobre la izquierda, es la que menciono. Quedará para siempre gravada en el celuloide.

En esa casa fui muy feliz, nacieron, pasaron su infancia y adolescencia Fui anfitrión de innumerables reuniones con gente

de cine y del teatro. Paradójicamente, después de muchos años, una noche, junto con Juan José Campanella, Fernando Castets y otros actores, Martínez Suarez, concurre y ve por la ventana, la puerta de la calle Muñiz que años atrás había filmado.

Uno de mis pocos grandes amigos y compadre, Julio Alberto Gallo, productor teatral de segunda generación, fanático del club, para muestra solo falta un botón, el día que los cuervos descendieron a la “B” (Nota de redacción, el club de mis amores no lo hizo nunca, no como otros que se dicen grandes) en la cancha de Ferrocarril Oeste, se fue llorando, a píe desde Caballito hasta su casa del barrio de Núñez, tiene bajo la vítrea de su escritorio de su oficina emblemática, temática y teatral de principio del siglo XX, en el Teatro Astral (Av. Corrientes 1639) una serial de fotos del desarme de la cancha, cuando la estaban preparando la construcción del supermercado antes nombrado.

Esas fotos, con mucha paciencia y premeditación organizada, las tomé para mi amigo desde la terraza de mi ex casa. Primero comenzaron a bajar la tribuna de madera, hasta hacerla desaparecer totalmente. El pasto del campo de juego, empezó a crecer, 35, 60 centímetros, un metro, casi uno cincuenta, esa fue la secuencia fotográfica.

Otra anécdota más: Culito, como lo llamaba una vieja actriz de varieté, cumplía años (en los sigue cumpliendo, es mayor que yo, Ja) ¿Qué le puedo regalar a Julio que lo sorprenda? Tuve una idea superadora.

La cancha de San Lorenzo, se estaba desarmando. Entre caminando por la puerta principal sobre Av. La Plata, me dirigí a la intendencia y me atendió Martínez, un señor integro, un antiguo empleado del club que otrora estaba encargado del Bowling que yo frecuentaba.

Hola Martínez, tengo un cumpleaños de un hincha reconocido por todos y se me ocurrió regalarle un asiento de platea de la tribuna General Belgrano. Quedo absorto.

¡¡Que buena idea!! venite el jueves que lo comento en la junta directiva. Concurrí el jueves y me dice que vuelva el miércoles próximo. Chau, me están ninguneando.

Concurrí el miércoles y Martínez me cita para exponer mi ocurrencia ante la junta directiva.

Me presento y me explayo sobre el tema. Los integrantes agradecen y me felicitan. Le podemos poner precio a los banderines del corner, tablones de la tribuna, el resto de los asientos de plateas. Los arcos con sus redes serían los de mayor valor. Le ponemos precio, regresa el martes y te llevas el asiento.

Fui el día martes con un mal presentimiento, estos con el precio me van a matar. Martínez llamo a Francisco el herrero del club.

Tráele a Mario una platea de la de Belgrano. ¿Cuánto me la van a cobrar? Silencio.

Vuelve Francisco, con cuatro plateas unidas desde sus bases. ¿Cuánto me la van a cobrar? Silencio. Temeroso: solo quiero una platea. Se va y vuelve Francisco con una de color celeste con el número 88 pintado en blanco en la mitad de la última tablita carcomida por el sol y la lluvia. ¿Cuánto me la van a cobrar?

¿Viniste en coche? Éntralo por el portón (daba debajo de la tribuna) para cargarla. Si te ven del bar de enfrente, se van a venir al humo.

Entro con mi Renault 12 color ocre y entre Martínez y Francisco me cargan en el baúl el preciado trofeo. ¿Cuánto debo Martínez? Pregunto sobre un tembleque de rodillas.

NADA, Marito, ¿Qué te vamos a cobrar? Que Gallito la disfrute.

Salí despacio del club, con la euforia similar a la de los aliados entrando a Paris, arrepintiéndome de no haberme llevado las cuatro unidades.

A pocos días, siempre de traje, corbata, fui caminando desde mi casa, esas dos cuadras con una caja de vino al hombro para Martínez. Era lo menos que podía hacer.

Llego el día del cumpleaños y con la complicidad de su esposa Beatriz Galán (la recuerdan junto con Hugo Arana en la publicidad de Crespi con los escarpines), le hicimos cerrar los ojos a Julio, que la tocara y adivinara de que se trataba. Nunca podría percatarse de lo que tenía por delante.

Sin envolver, ¿cómo envolverla? Tan difícil como envolver un triciclo, el asiento de platea cobro vida. Nunca olvidare la alegría de Julio Gallo. Hoy es una pieza de museo en su hogar y yo disfruto igual o más que él, del hecho relatado.

El club construyo un estadio y se mudó a Villa Soldati. Cuando ganaba un partido, en caravana, autos, motos, micros, camiones, se dirigían a su antiguo reducto, donde funciona el supermercado y daban vueltas, coreando, tocando bocinas, celebrando, pero subliminalmente, decían: Nunca nos fuimos de aquí.

Hoy tiene el club una “sub sede” que nunca se rindió: El Bar “San Lorenzo” en la esquina de Avelino Díaz y Av. La Plata, dominando visualmente el hipermercado, que llamativamente tiene en su logo mundialmente conocido, los colores del Ciclón.

Puedo seguir contando anécdotas, pero la extensión de la nota, me dice que tengo que parar. Solo me queda felicitar a Sergio Críscolo y recomendar la visión del documental, que bien vale la pena.

@MarioMarchioli

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