Un tren de película y es patagónico

Mario Marchioli

Los lectores que siguen habitualmente esta columna, no se sorprenderán por la pasión que tengo por el cine, el turismo y la gastronomía. En esta oportunidad utilizaré un documental argentino de 84 minutos de duración, el que fuera comentado el día de su estreno a fines del año pasado en el programa radial “Puntos de vista” conducido por el periodista Hugo Morales, que se trasmite por Radio Libertad NQN 105.1, para resaltar una maravilla autentica, épica, movilizadora.El documental mencionado independiente, producido en el año 2017 es “LEYENDAS DEL TREN PATAGÓNICO” guionado y dirigido por Sebastián Deus.

Si leemos su presentación sintética, nos enteramos que la existencia de este singular tren, es el resultado de una epopeya, transitando por valles que habitaron Mapuches y Tehuelches, recorriendo la mágica Patagonia Argentina, por zonas desérticas, cañadones, formaciones rocosas y la meseta Somuncura.

Sebastián Deus, no es un director cinematográfico improvisado. Sin ninguna duda ama la Patagonia, su filmografía lo documenta: “Werken” (2004) en idioma Mapuche, Mapudungun, significa “vocero” o “portavoz” (existe diccionario) No confundir con el corto chileno del mismo nombre filmado en Valdivia el año pasado. Otro film filmado en nuestro sur “El retorno de don Luis” (2016) su trabajo más comprometido y testimonial.

También “TV utopía” (2011) y “Por el camino de Modesto” (2014), temas donde la Patagonia nada tiene que ver, completa su filmografía documentalista.

¿Qué motivo induce a un equipo de filmación, subir decenas de kilos de “fierros”, cámaras, lentes, cables, pizarras y luces, a un tren?, ¿Cuántas veces hicieron el trayecto de casi 19 horas, idas Viedma – Bariloche? Pues viendo el documental, encontraremos la respuesta.

He mencionado la meseta Somuncura, “piedra que suena” en lengua Mapuche, dado la injerencia del viento en su volátil tránsito. Inmensa, inhóspita, perteneciente en menor medida a la provincia de Chubut y en gran parte a Rio Negro. Llanura, cerros bajos, sierras, mudos conos volcánicos, pequeñas lagunas arcillosas que aparecen, se mudan,

desaparecen, igual que taludes fantasmas, ocasionalmente un curso de agua que sorprende en los 820 kilómetros del recorrido ferroviario.

A 60 kilómetros por hora, sin piquetes que lo detenga, con una formación de una locomotora diésel (n° 9070 o 9073) ya amortizadas en su ajetreo de vida prolongada, arrastra con firmeza un vagón porta autos, a veces dos (de los propios pasajeros), 6 o 7 vagones con camarotes o sillones pulman, pintados con los colores de Boca Jr. (si es una distinción lujosa), en menos oportunidades los vagones van pintados de verde y blanco, sin vendedores ambulantes a bordo.

En invierno cuando nieva, es otro plus. Por lo general la formación lleva dos locomotoras y el paisaje no deja de maravillar.

Los pasajeros en el tren, observan intermitentemente en la estepa, guanacos, escurridísimos hurones y armadillos, zorros grises, ñandúes, con mucha suerte una mara (como una ardilla de grandes dimensiones de ancas voluminosas), difícilmente un puma, pero que los hay, los hay entre matas de pastos duros, arbustos bajos en permanente movimiento por los vientos que silban bajito.

Atraviesa tres arroyos: el Valcheta, Salado, Comallo y los ríos. Pichi Leufú y Nirihuau. A no distraerse y disfrutar de las 34 pintorescas estaciones contando la de partida y la de destino, y el aire puro que se respira. Acompañan lejanos horizontes, los que al caer la tarde son de colores naranja, ocres y azules.

La historia del tren es rica desde sus orígenes, año 1910 y mucho tuvo que ver un geólogo, arqueólogo norteamericano, Bailey Willis (1857-1949) un trotamundos llegado de China, contratado por el gobierno argentino, para realizar estudios hidrológicos, piedra basal para la construcción de ferrocarriles en la Patagonia. En 4 años de permanencia en nuestro país, escribió dos libros que recorrieron el mundo, “El norte de la Patagonia” y “Un Yankee en la Patagonia”.

En gran parte de nuestra Patagonia profunda, hoy día reina la soledad y el rigor climático. ¿Se imaginan las condiciones, viviendo y trabajando en la primera década del siglo pasado? Este hombre con una rica y fructífera existencia sobre sus hombros, merecería un documental o bien un film de ficción sobre su vida, una historia verdadera, plena de aventuras, un road movie, un western real.

Felicito y agradezco a Sebastián Deus, al Ministerio de Turismo y Deportes de la Provincia de Rio Negro y al INCAA, por esta producción documental.

Posiblemente se sorprenda que el documental esta íntegramente narrado en idioma ingles y subtitulado en español. En mi modesta opinión, fue un acierto de la producción, pensando en la proyección fuera de nuestras fronteras.

Google le dará los datos para poder reservar su viaje, su precio módico, mientras tanto le recomiendo ver el documental.

Mario Marchioli

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