Nota difícil de escribir

Devastado, difícil tránsito, con una diferencia de solo tres meses y medio, dejaron este mundo terrenal, solo de manera física, dos grandes de la cinematografía mundial. Irreemplazables, nadie podrá ocupar el lugar vacío de estas dos personas maravillosas, humildes con una grandeza monumental sobre sus hombros, talentosos, profesionales, docentes, generosos, emprendedores, éticos. ¿Cuántos adjetivos? Cuantas membresías. Son pocas, se podría mencionar muchas más, auténticas y merecidas.92 fructíferos años. Fernando Birri, santafesino, se fue el 27 de diciembre del 2017. Residía en Roma, alternaba con la Habana y siempre por poco tiempo en nuestro país.

Fundó el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral y la escuela de cine y televisión de San Antonio de Los Baños de Cuba, hoy famosa en todo el mundo. La herencia de Birri, la usufructuaremos todos: “Tire dié” (1960), “Los inundados” (1962), “Un señor muy viejo con unas alas enormes” (1988), “Che; ¿muerte de la utopía?” (1999), por solo nombrar algunas de sus 17 producciones. Se lo reconoce como “el padre del nuevo cine Latinoamericano”.

Amigo personal de Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Fernando Solanas, de Paolo y Vittorio Taviani.  De Vittorio de quien nos ocuparemos a continuación tras su fallecimiento el 15 de abril de 2018, a sus 88 años.

Vittorio junto a su hermano Paolo, hicieron historia. Siempre juntos, inseparables. El día de su muerte, también en Roma, inmediatamente pensé en Paolo, con seguridad ya no será el mismo. Veintidós películas (incluye mediometrajes, de TV y largos) como guionistas y directores, entre las que mencionaré: “Padre padrone” (1977), “Kaos” (1984), “Cesar debe morir” (2012), “Una questione privata” (2017).

Los conocí juntos, en 1985, presentados por Pino Solanas, en la larga escalinata de la “Sala Grande”, durante la Biennale di Venezia, XLII Mostra Internazionale del Cinema, evento bisagra en mi vida personal, un día caluroso, bajo un sol demoledor.

Birri con su larga barba canosa, pelado, con su poco pelo atado sobre su espalda, usando un chambergo negro. Lo volví a ver cenando en mi casa de Buenos Aires un año después y por último en el Festival de cine de la Habana de 1994, el como Jurado y yo como director de producción de “Sin Opción” película en concurso. Siempre con su mismo porte, con su mismo atuendo. Inconfundible.

Los hermanos Taviani, usando un “mono” de carpintero bajo un saco, tratando infructuosamente de pasar desapercibidos.

En fin, es una incongruencia decir que de ellos emanaba no solo sensibilidad, también: ¿humanismo?

Tristeza, es posible que, a esta altura de la lectura, comprenderán el tenor del título.

Espero que el próximo encuentro, sea placentero y no tenga tinte de homenaje y melancolía. Hasta cualquier momento.

MARIO MARCHIOLI.  @memarchioli

 

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